¿Qué hay de malo en las mayorías absolutas?

Existe la creencia, extendida entre muchos, de que los gobiernos de coalición son más beneficiosos para la ciudadanía. Hay quien sostiene que una amalgama de partidos con intereses, objetivos e ideologías diametralmente opuestas pueden mejorar la calidad democrática y la pluralidad de las instituciones públicas. Y nosotros nos preguntamos, ¿y de qué sirve eso si luego, la mayoría de las veces, nada funciona como debería y los servicios al vecino, que el fin último de toda administración, no se prestan?


En Mijas tenemos el ejemplo. Podemos comparar entre 36 años de sucesivas mayorías absolutas (32 del PSOE y cuatro del PP) y cuatro años de un gobierno en minoría anómalo que ha dado sensación de cualquier cosa menos de estabilidad y buen servicio al contribuyente.


Se trata de un debate entre lo estético y lo práctico. El discurso de lo ideal, con la eficiencia. Entre la mediocridad de quien no es capaz de convencer y ganar unas elecciones por sus méritos, y el éxito de quienes sí presentan un proyecto que es capaz de ilusionar de forma contundente a un buen grupo de personas.


Entonces, ¿por qué criminalizar las mayorías absolutas? ¿Es realmente práctico y positivo para la sociedad que haya gobiernos compuestos por varias formaciones, cada uno de su padre y de su madre, que sólo tienen como objetivo competir en ver cuál de los partidos se pone más medallas y traicionar al otro?


Por lo tanto, estimado lector, no des por cierto ese axioma que muchos repiten. No es verdad eso de que ‘las mayorías absolutas se han acabado’. Estas pueden ser la solución a la ineficacia, el postureo y la inestabilidad. Puede que haya más competencia. Pero, al menos en Mijas, el debate está en Nozal o un batiburrillo de partidos. Estabilidad o peleas de políticos. Eficacia o descontrol. En este plebiscito que serán las municipales de mayo, tendrás que escoger entre que Mijas vuelva a funcionar, o seguir como vamos de mal.

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